—¿Para mí? ¿de quién?

Loick sacó del bolsillo de su dolmán un billete cuidadosamente sellado y lo entregó a don Jaime, diciendo:

—Tenga V.

—¡De don Esteban! exclamó con gozo el aventurero después de dirigir una mirada al sobre y abriéndolo con presteza.

Aunque muy corto, el billete estaba cifrado, y su contenido era el siguiente:

«Todo marcha a pedir de boca; el individuo que V. sabe acude por sus propios pies al cebo. El sábado, a media noche; peral.

»¡Esperanza!

»CÓRDOBA.»

Don Jaime rompió el billete en partículas impalpables, y preguntó de improviso a Loick:

—¿En qué día estamos?