—Sí, hermana mía, respondió aquél, muy malas.

—¿Podemos saberlas?

—No me asiste razón alguna para callarlas; por otra parte atañen a personas queridas para ustedes.

—¡Virgen santísima! exclamó doña Carmen juntando las manos, ¿tal vez Dolores?

—Sí, hija mía, respondió don Jaime, la hacienda del Arenal fue sorprendida e incendiada por los juaristas.

—¡Dios mío! profirieron las dos damas con arranque de dolor; ¡pobre Dolores! ¿y don Andrés?

—Está gravemente herido.

—Demos gracias a Dios que no haya muerto.

—Poco más vale que un difunto, profirió el aventurero.

—¿Dónde se encuentran actualmente?