—¿No vino ex professo a Méjico con este fin?

—Sí.

—Luego ya ve V. que casará con ella.

—Su conclusión de V. es absurda, repuso el aventurero encogiendo los hombros; ¿por ventura sabe el hombre lo que va a hacer? ¿le pertenece acaso el mañana?

—Pero desde que las desgracias abrumaron a la familia de doña Dolores y a doña Dolores misma, el conde tienta lo imposible para salvar a su prometida.

—Eso demuestra que el conde es un caballero cumplido, y nada más; por otra parte, es primo de la joven, y al procurar salvarla, aun con peligro de su vida y de su fortuna, cumple con su deber.

—La ama, la ama, dijo Domingo.

—Entonces vuelvo la oración por pasiva: doña Dolores no ama al conde.

—¿Usted lo cree así?

—Estoy seguro de ello.