Hecha la confesión, las dos jóvenes nada tenían ya que ocultarse.

—¿Desde cuándo le amas? preguntó doña Carmen.

—No sé; me parece que le he amado siempre.

—¿Y él te ama? siguió preguntando la hija de doña María.

—¡Desde el momento que yo le amo!

—Tienes razón.

Lo que en sí tiene de adorable el amor, es que es esencialmente ilógico; de lo contrario no sería tal.

De pronto las dos jóvenes se irguieron y se llevaron la diestra al corazón.

—Aquí está, dijo doña Dolores.

—Viene, profirió doña Carmen.