—Dios le escuche a V.; por mi parte no creo en ella.
—¿Todavía dura su desaliento?
—No, no es desaliento, sino convicción.
El presidente tendió afectuosamente la mano al aventurero, el cual se despidió y se retiró.
Poco después don Jaime salía de Méjico y corría en campo raso, montado en un caballo que llevaba la velocidad del huracán.
[XII]
LA SALIDA
Como dijera al aventurero, a las cinco de la mañana Miramón salía de Méjico a la cabeza de sus tropas, poco numerosas por cierto, ya que entre infantería y caballería apenas si se componían de tres mil quinientos hombres. Artillería no la llevaba, a causa de tener que efectuarse la marcha por senderos extraviados.
Cada jinete llevaba un infante en la grupa, a fin de facilitar el avance.