—Avancé hasta la cresta misma de la altura, excelentísimo señor, dijo López, y vi claramente el campamento de los puros. Éstos no sospechan la llegada de vuecencia; por lo tanto me parece que vuecencia puede seguir adelante.
—¿Conque no colocaron centinelas en la altura?
—No, mi general,
—Está bien, condúceme hasta la entrada de la senda; quiero inspeccionar el terreno a fin de preparar mi plan de ataque.
—Vamos, dijo López recogiendo su fusil y su sombrero.
Miramón y su guía avanzaron, seguidos, a corta distancia, del ejército.
Como el guía había dicho, todo estaba desierto.
Miramón estudió el terreno con la atención más detenida, y luego murmuró:
—Bravo, ahora sé lo que debo hacer.
Luego, volviéndose hacia su guía, dijo a éste: