—¿Conque tu amo está emboscado de modo que pueda coger por el flanco al enemigo?
—Sí, mi general.
—¿Pero cómo prevenirle para que su ataque coincida con el nuestro?
—Es muy fácil; ¿ve vuecencia aquel árbol solitario cuya cima domina la altura?
—Sí.
—Tengo orden de cortar el trozo superior del mismo en el preciso momento en que vuecencia empiece el ataque; esta señal será la de cargar sobre el enemigo.
—¡Vive Dios! exclamó el presidente, ese hombre nació general; nada le pasa por alto; ve, sube al árbol ese y está preparado; cuando veas que yo blanda la espada, de un machetazo desmóchalo.
—¿Y después qué haré? preguntó López.
—Lo que quieras.
—Está bien, me reuniré a mi amo.