Cogidos entre dos enemigos, los juaristas se creyeron vendidos, se les desvaneció la cabeza y empezaron a desbandarse.

La caballería de Miramón entró en línea de batalla en este momento y cargó reciamente sobre el enemigo.

Entonces la lucha degeneró en matanza; ya no fue combate, sí una carnicería espantosa. Los juaristas, cogidos por frente, flanco y retaguardia, no pensaban ya sino en abrirse paso.

Empezó la retirada, que pronto se convirtió en derrota completa.

El general Berriozábal, el general Degollado, sus hijos, dos coroneles, todos los oficiales del estado mayor, catorce cañones, gran cantidad de municiones y de armas y más de 2,000 prisioneros cayeron en poder de Miramón, que por su parte experimentó unas 18 bajas entre muertos y heridos.

La batalla sólo había durado veinticinco minutos. La caprichosa fortuna concedía una postrer sonrisa a aquel a quien resolviera perder.


[XIII]

TRIUNFO

La imprevista, brillante y completa victoria alcanzada por Miramón sobre aguerridas tropas mandadas por oficiales de nombradía, devolvió súbitamente el aliento y la esperanza a los despavoridos partidarios del presidente de la república.