—¿A quiénes se refiere vuecencia? Confieso que tengo los colmillos muy aguzados y que les serviré con entusiasmo.

—¡Lo creo! ¿Pero tú te imaginas que voy a perder el tiempo dándote consejos?

—Sí vuecencia quisiese le serviría a las mil maravillas.

—¿Tú? ¡quita allá!

—¿Por qué no?

—Siendo, como eres, enemigo de las personas a quienes quiero, debes serlo mío.

—¡Cómo yo lo hubiese sabido!

—¿Qué hubieras hecho?

—No lo sé, pero de fijo que no las habría espiado; empléeme vuecencia, se lo ruego.

—Maldito si sirves para cosa buena.