—Ya les conozco; pero se las han con uno más astuto que no ellos; fíe V. en mí.

—Esto te atañe a ti; lo que te digo es que al menor descuido te mando a paseo.

—No habrá para qué.

—Si no recuerdo mal, me has dicho que eres listo de manos.

—En efecto lo soy, excelentísimo señor.

—Pues bien, si por acaso a esos caballeros se les caen algunos papeles importantes, cógelos y tráemelos inmediatamente; porque has de saber que soy muy curioso.

—Basta; si no los hallo en el suelo los buscaré en otra parte.

—Aprobado; pero oye, los papeles te los pagaré aparte; te daré tres onzas por cada uno de ellos si valen la pena. Como te equivoques, peor para ti, pues no cobrarás nada.

—Ya me las compondré para que los dos quedemos satisfechos, excelentísimo señor. ¿Quiere vuecencia decirme ahora dónde le encontraré cuando se me ocurra comunicarle algo o entregarle algún documento?

—De tres a cinco de la tarde me paseo todos los días por las inmediaciones del canal de las Vigas.