—No se equivoca V., general; hágame V. el favor de enterarse de este papel.
El presidente tomó uno doblado en cuarto que don Jaime le tendió, y después de leerlo sin manifestar la más leve sorpresa, lo devolvió a éste, quien le preguntó:
—¿Ha leído V. la firma?
—Sí, respondió fríamente Miramón, es una carta credencial de don Benito Juárez para que sus secuaces atiendan a Antonio Cacerbar, a cuyo favor está expedida.
—Esto es. ¿Le queda a V. todavía alguna duda respecto de la traición de ese hombre?
—Ninguna.
—Perdóneme V. que le interrogue, general; pero ¿qué determina V. hacer?
—Nada.
—¡Cómo nada! exclamó don Jaime con no fingida sorpresa.
—Nada, lo repito.