Los tres amigos se separaron.

Don Jaime entró en palacio y se encaminó directamente al gabinete de Miramón, sin que el ujier de guardia, que le conocía, opusiese obstáculo alguno a su paso.

El presidente estaba hablando con varios exploradores, que le daban noticias acerca de los movimientos del enemigo.

Don Jaime se sentó y aguardó con calma a que el presidente hubiese dado fin a su interrogatorio.

Por fin el último explorador terminó su relación y se retiró.

—¿Qué hay, mi amigo? ¿ha visto V. al embajador? preguntó Miramón a don Jaime.

—Sí, mi general; le vi ayer al salir de aquí.

—¿Y la famosa carta?

—Ahí está.

El general hizo un gesto de sorpresa, tomó el papel y lo leyó con rapidez.