Tres horas después llegó un explorador, que inmediatamente fue conducido a presencia de Miramón.

—¡Hola! ¿eres tú, López? dijo el presidente conociendo al explorador.

—Sí, mi general, respondió el interpelado dirigiendo una risueña mirada a don Jaime, que estaba sentado al lado de Miramón y fumaba con indolencia un cigarrillo.

—¿Qué novedades ocurren? ¿Traes noticias del enemigo? preguntó el presidente.

—Sí, mi general, y muy frescas.

—Mejor; ¿dónde se encuentra?

—A cuatro leguas de aquí.

—Entonces no tardaremos en verle. ¿Qué cuerpo de ejército es ése?

—Él del general don Jesús González Ortega.

—¡Bravo! profirió con satisfacción el presidente; vales un Perú, muchacho.