Y poniendo algunas monedas de oro en la mano de López, Miramón añadió:

—Toma. Ahora dame algunos pormenores.

—El general Ortega, continuó López, trae consigo ocho mil infantes, tres mil caballos y treinta y cinco cañones.

—¿Lo has visto tú?

—Durante una hora marché con ellos.

—¿En qué disposiciones se encuentran?

—¡Canario! vienen furiosos.

—Está bien. Ve a descansar; puedes dormir por espacio de una hora.

López saludó y se alejó.

—Por fin vamos a vernos las caras, dijo Miramón.