—Porque nos traicionaron.
—¿Pero V. conoce al traidor?
—No, respondió Miramón con resentimiento.
—Pues yo sí le conozco, pues me encontraba no lejos de él cuando llevó a cabo su infame proyecto, vigilándole, porque tiempo hacía que me inspiraba sospechas.
—¡Qué me importa si no podemos ya apoderarnos de él!
—Se equivoca V., general, repuso D. Jaime; se lo traigo a V.; fui a buscarle en medio de sus nuevos compañeros, como hubiera ido hasta el infierno para cogerlo.
Al escuchar tales palabras, los jefes y soldados experimentaron un estremecimiento de gozo.
—¡Vive Dios! exclamó Cobos, ese miserable merece ser descuartizado.
—Conduzcan acá a ese hombre y se le juzgará, dijo Miramón con tristeza, pues nada más penoso para él que verse obligado a emplear medidas rigurosas.
—Pronto habremos concluido, profirió el general Negrete; morirá como traidor, fusilado por la espalda.