—A propósito, me olvidaba de una circunstancia que no deja de ser importante para V.: hace ya dos días que sus criados y sus equipajes están en la hacienda.

—Pero ¿quién puso en antecedentes a mis criados?

—Yo.

—¡Cómo V.! si puede decirse que no se ha movido de mi lado.

—Cortos fueron los momentos en que me separé de V., es verdad, pero tuve lo bastante.

—Es V. un amabilísimo compañero, don Oliverio, y le agradezco en el alma las atenciones de que me rodea.

—¡Bah! V. se chancea.

—¿Conoce V. al propietario de la hacienda esa?

—¿A don Andrés de la Cruz? ¡ya lo creo!

—¿Qué tal es?