—¿En lo moral o en lo físico?
—En lo moral.
—Un sujeto de gran corazón y clara inteligencia; prodiga el bien, y atiende a pobres y a ricos.
—Magnífico es el retrato.
—Y me quedo corto. ¡Ah! se me olvidaba decir a V. que don Andrés tiene muchos enemigos.
—¡Enemigos!
—Sí, todos los bribones de la comarca, y a Dios gracias abundan en esta bendita tierra.
—¿Y su hija doña Dolores?
—Es una deliciosa niña de dieciséis años, todavía más buena que hermosa; inocente y pura, sus ojos reflejan el cielo; es un ángel a quien ha placido a Dios colocar en la tierra, sin duda para vergüenza de los hombres.
—V. va a venirse conmigo a la hacienda, ¿no es eso? preguntó el conde.