—Pues aprovéchela para descansar, dijo el conde; nosotros vamos a prepararnos.
Cuando, a las once de la noche, llegó don Jaime, éste encontró ya a sus amigos completamente preparados y armados.
—Partiremos, dijo don Jaime.
—Cuando V. quiera, profirió Luis del Saulay.
—¿Vamos lejos? preguntó el duque.
—Me parece que no, respondió don Jaime; pero tal vez tengan que hablar las armas.
—Mejor, dijeron los dos jóvenes.
—Todavía podemos disponer de media hora, tiempo más que sobrado para que les explique a Vds. lo que pienso hacer, profirió don Jaime. Ya saben Vds. cuan sincera es la amistad que me une al general Miramón.
—Nos consta.
—Pues vean Vds. lo que ocurre: el general ha reunido unos mil quinientos hombres, con cuya escolta imagina llegar con seguridad a Veracruz, donde piensa embarcarse. A la una de esta madrugada se pone en marcha.