—¡Alerta! algo se prepara, dijo don Jaime en voz queda a sus amigos.
A no tardar la agitación fue en aumento, y en la vanguardia se oyeron algunos gritos.
—¿Qué ocurre? preguntó Miramón.
—Los soldados se sublevan, le respondió don Jaime sin ambages.
—No puede ser, exclamó el general.
Al mismo instante reventó una de gritos y silbidos, entre los que sobresalían estas voces:
—¡Viva Juárez! ¡El hacha! ¡el hacha!
El hacha en Méjico es el símbolo de la federación, y aclamarla es sublevarse, o más bien dicho pronunciarse.
El grito ¡el hacha! recorrió con rapidez todas las filas, hasta hacerse unánime, y pronto llegaron al colmo la confusión y el desorden.
Los partidarios de Juárez, confundidos con los soldados, proferían amenazas de muerte contra los enemigos a quienes no querían dejar escapar, y desenvainando los sables y afianzando las lanzas en el ristre se hizo inminente un conflicto.