—No, sino otra persona a quien tú conoces y hacia la cual te sientes inclinado.

—¿De quién habla V.?

—De León Carral.

—¿El mayordomo de la hacienda del Arenal?

—Él mismo.

—¿Luego nos encaminamos a la hacienda?

—Precisamente a la hacienda no, pero a sus cercanías. He citado al mayordomo para un punto en él que debe aguardarme, y al punto ese es a donde nos dirigimos.

—Entonces adelante: me alegraré de ver nuevamente a León Carral; es un buen compañero.

—Y hombre de corazón y honrado, añadió Oliverio.