—Ha hecho V. mal, le dijo severamente el Jaguar; la imprudencia de V. puede tener consecuencias muy graves; sin embargo, no me atrevo a censurarla. Es V. mujer, y por consiguiente ignora muchas cosas. ¿Está V. sola aquí?
—Enteramente sola.
—¡Qué imprudencia! ¿Cómo puede Tranquilo abandonar a V. de ese modo?
—Su deber le detiene actualmente en Mezquite; dentro de pocos días debe dar una gran batida.
—Bien; pero al menos Quoniam debió quedar al lado de V.
—No ha podido, porque Tranquilo necesitaba su ayuda.
—Parece que el diablo se mezcla en todo esto, dijo el Jaguar en tono de mal humor; es preciso estar loco para abandonar así a una joven sola en una venta situada en medio de una comarca tan desierta, y eso durante semanas enteras.
—No me hallaba sola, pues habían dejado conmigo a Lanzi.
—¡Ah! ¿Y qué se ha hecho?
—Un poco antes de salir el sol le envié a ver si traía alguna caza.