—¡Hola! ¡Hola! dijo el Jaguar en tono de buen humor, parece que ha hecho V. buena cacería, Lanzi; los gamos no escasean en la llanura, ¿eh?

—He conocido un tiempo en que abundaban más, respondió Lanzi en tono brusco; pero ahora, añadió moviendo tristemente la cabeza, apenas puede un pobre hombre matar un par de ellos en todo un día.

El joven se sonrió y dijo:

—Ya volverán.

—No, no, replicó Lanzi; los gamos, una vez espantados, nunca vuelven a las comarcas que abandonaron, por grande interés que tengan en hacerlo.

—Pues entonces, amigo mío, es preciso que se resigne V. y se consuele.

—¡Eh! ¡No hago otra cosa! murmuró Lanzi volviendo la espalda con aspecto descontento.

Y después de esta réplica volvió a cargar el gamo sobre sus hombros y entró en otra habitación.

—Lanzi no está hoy muy amable, dijo el Jaguar cuando se hubo vuelto a quedar solo con Carmela.

—Le disgusta encontrar a V. aquí.