—¡Oh! entonces... dijo el ventero sobresaltado.

—Le daré a V. seiscientos.

El ventero se quedó estupefacto y en seguida dijo:

—No me parece mal.

—Pero con una condición, añadió Tranquilo.

—¿Cuál es?

—La de que mañana, tan luego como se haya efectuado la venta, montará V. a caballo... ¿Supongo que tendrá V. un caballo?

—Sí Señor.

—Pues bien, montará V. en él, se marchará y no volverá a parecer por aquí.

—¡Oh! De eso puede V. estar muy seguro.