—¡Calle! ¿Qué quiere V. decir?

—Me parece que mi respuesta es muy clara.

—Sin embargo, no la entiendo.

—Se la explicaré a V. en dos palabras.

—Hable V.

—Colocados ambos en posiciones diametralmente opuestas, la casualidad se ha complacido hoy en reunirnos. Si ahora nos separamos, no llevaremos en nuestros corazones ningún sentimiento de odio como resultado de nuestro encuentro, puesto que ninguno de nosotros habrá tenido motivo de queja del otro, y que probablemente no volveremos a vernos.

—¡Ya! Sin embargo, es evidente que cuando mis soldados les encontraron, aguardaban VV. a alguien en este camino.

—¿Por qué cree V. eso?

—¡Pardiez! Según V. me ha dicho, son VV. cazadores, y no veo la caza que podían encontrar en la orilla del camino.

El prisionero se echó a reír, y marcando intencionalmente sus palabras, repuso: