—¡Ah! ¿Y cree V. que todavía durará mucho tiempo esta broma?
—No, porque ya debe comenzar a tener sed; en este momento lucha él con tres sentimientos: el hambre, la sed y el miedo; esté V. seguro de que este último será el más débil, no es más que cuestión de tiempo.
—Ya lo veo; hace cerca de cuatro horas que estamos aquí de plantón.
—Paciencia, que lo más ya está hecho, y estoy seguro de que no tardaremos en tener noticias suyas.
—Dios le oiga a V., porque me estoy muriendo de frío. ¿Es grande al menos el jaguar?
—Sí, sus huellas son anchas; pero, o mucho me engaño, o está apareado.
—¿Lo cree V.?
—Casi me atrevería a apostarlo. Es imposible que un solo jaguar haga tantos destrozos en menos de ocho días. Según me lo ha asegurado don Hilario, han desaparecido diez cabezas de ganado.
—¡Oh! exclamó Quoniam restregando alegremente las manos, entonces vamos a hacer buena cacería, es evidente que tiene cría.
—Eso mismo he supuesto yo: preciso es que tengan hijuelos cuando tanto se acercan a las haciendas.