—No diré nada. Encontrará V. a Tranquilo en el Vado del Venado. ¡Ni una palabra más!
—¡Ah! ¿De veras? dijo Carmela. ¡Pues bien! juro que no me moveré de junto a V., suceda lo que quiera.
—¡Está V. loca! ¿No la he dicho que quiero jugar una mala pasada a los indios?
—Sí.
—Pues bien, ya lo verá V.: solo que, como temo alguna imprudencia por parte de V., deseo verla marchar delante. No hay más que eso.
—¿Me dice V. la verdad?
—¡Sí por cierto! Dentro de cinco minutos me reuniré con V.
—¿Me lo promete V.?
—No crea V. que me voy a entretener en quedarme aquí.
—Pero ¿qué se propone V. hacer?