—Con mucho gusto; pero ¿quién me asegura que no quieren VV. hacerme daño?
—Abra V. o echamos la puerta abajo. Y se repitieron los golpes.
—¡Oh! ¡Oh! dijo el mestizo, ¡no se andan ustedes en chiquitas! Ea, no se cansen más, que allá voy.
Cesaron los golpes.
El mestizo desatrancó la puerta y abrió.
Los indios se precipitaron dentro de la casa lanzando gritos y aullidos de alegría.
Lanzi se había apartado para dejarles franco el paso. Hizo un gesto de alegría al oír el galope de un caballo que se alejaba con rapidez.
Los indios no pararon mientes en aquel incidente.
—¡Queremos beber! exclamaron.
—¿Qué quieren VV. que les dé? preguntó el mestizo, quien procuraba ganar tiempo.