—¿No está satisfecho el Zorro-Azul acaso de la manera en que le he recibido, así como a sus compañeros?
—No es eso; los guerreros beben, el jefe quiere otra cosa.
—¡Ah! dijo el mestizo, lo siento mucho, porque he dado cuanto tenía.
—No, respondió secamente el indio.
—¿Cómo que no?
—¿Dónde está la joven de cabellos de oro?
—No le entiendo a V., jefe, dijo el mestizo, quien, por el contrario, comprendía perfectamente.
El indio se sonrió.
—Mire el rostro pálido al Zorro-Azul y verá que es un jefe y no un niño a quien se puede entretener con mentiras. ¿Qué se ha hecho la joven de cabellos de oro, la que habita aquí con mi hermano?
—La mujer de quien V. habla, si es la joven a quien pertenece esta casa a la que V. se refiere...