—¿No tenías que decirme más que eso? Hasta ahora nada extraordinario veo en lo que me has contado.
—Aguarde V., dijo Carmela.
—¡Ah! ¿Entonces no has concluido?
—Todavía no.
—Bueno, continúa.
—Aunque el Jaguar habló en voz muy baja con aquellos hombres; sin embargo, por algunas palabras que oí... sin querer, se lo juro a V., padre mío...
—Estoy persuadido de ello. ¿Y qué adivinaste por esas pocas palabras?
—Es decir, creí comprender...
—Es lo mismo: sigue.
—Creí comprender que hablaban de la conducta de plata.