—¡Vive Dios! Yo lo impediré. Confíe V. en mí: le conozco muy bien, y hace demasiado tiempo, para que él quiera ponerse en abierta oposición conmigo. Si se atreviese a intentarlo, yo sabría reducirle a la impotencia.
—Está muy bien. Ahora, en cuanto haya V. obtenido los últimos datos que necesitamos para obrar, no pierda V. un solo instante para volver a reunirse con nosotros, porque estaremos casi contando los minutos hasta su regreso.
—Queda convenido. ¿El punto de reunión sigue siendo la barranca del Gigante?
—Sí
—Una palabra todavía.
—Diga V. pronto.
—¿Y el Zorro-Azul?
—¡Diablo! Me le hace V. recordar, que ya le había olvidado.
—¿Debo aguardarle?
—Sí por cierto.