—¿Conoce V. el contenido de este despacho?

—No; únicamente supongo que debe ser importante.

El soldado había respondido a las preguntas del capitán con entero desembarazo y con una franqueza de buena ley. Era evidente que no mentía.

D. Juan, después de vacilar todavía un momento, se decidió a leer; pero muy luego se frunció su entrecejo, y una expresión de mal humor nubló su semblante.

He aquí lo que contenía aquel despacho:

«POZO REDONDO, a.... de 18......

»El general D. José María Rubio, comandante general del estado de Tejas, tiene la honra de poner en conocimiento del capitán don Juan Melendez de Góngora que han estallado nuevos disturbios en el Estado; varias gavillas de ladrones y de merodeadores de fronteras, bajo las órdenes de diferentes jefes, recorren el campo, saqueando e incendiando las haciendas, deteniendo los convoyes e interceptando las comunicaciones. Ante hechos tan graves, que comprometen la fortuna pública y la seguridad de los habitantes, el gobierno, según su deber se lo impone de una manera imperiosa, ha tenido que adoptar medidas generales en interés de todos con el fin de reprimir esos desórdenes antes que se extiendan en mayor escala. Por consiguiente, el estado de Tejas queda declarado en estado de sitio, etc. (Aquí seguían las medidas adoptadas por el general para sofocar la rebelión, y luego el despacho continuaba en estos términos): El general D. José María Rubio, enterado por algunos espías con cuya lealtad puede contar, de que uno de los jefes principales de los insurgentes a quien sus compañeros han puesto el sobrenombre de Jaguar, se dispone a arrebatar la conducta de plata confiada a la custodia del capitán D. Juan Melendez de Góngora, y de que con este objeto el referido cabecilla se propone emboscarse en Río Seco, paraje muy favorable para una sorpresa, el general Rubio ordena al capitán Melendez que se deje guiar por el portador del presente despacho, hombre seguro y fiel, quien llevará la conducta de plata a la laguna del Venado, en donde verificará su unión con un destacamento de caballería enviado al efecto por el general, y cuya fuerza numérica pondrá a la conducta de plata al abrigo de todo ataque. El capitán Melendez tomará el mando superior de todas las tropas, y en el más breve espacio de tiempo posible se reunirá con el infrascrito en su cuartel general.

»¡Dios y libertad!

»El Comandante general del estado de Tejas,

«JOSÉ MARÍA RUBIO.»

El capitán, después de haber leído atentamente este despacho, levantó la cabeza y examinó un instante al soldado con profunda y sostenida atención.

El dragón, con la mano apoyada en la empuñadura de su sable, jugaba indolentemente con la borla de su dragona, sin que al parecer se cuidase en manera alguna de lo que pasaba en torno suyo.

—La orden es formal y terminante, murmuró por dos veces el capitán; debo conformarme con ella, y sin embargo, todo me dice que este hombre es un traidor.

Luego añadió en alta voz: