—¡Desgraciadamente!

—¿De modo que estará V. exhausto de fondos?

—No del todo.

—¿Ha tenido V. alguna de esas misiones?

—Tengo una en este momento.

—¿Bien pagada?

—Regular.

—¿Habrá indiscreción en preguntar a V. cuánto le han dado?

—Nada de eso: he recibido veinticinco onzas de oro.

—¡Cáspita! La cantidad es bonita. Peligrosa debe ser el encargo para haberle tasado tan alto.