—¿Cómo así?

—¡Pardiez! Yo soy buen compañero, y solo quiero poner a cubierto mi responsabilidad: enséñeme V. el oficio y con eso me contento.

—¿Y quedará V. satisfecho?

—Con tanto más motivo cuanto que conozco la letra del general.

—¡Oh! Entonces está muy bien.

Y sacando el dragón de su pecho un ancho pliego, se lo enseñó al americano, aunque sin soltarlo, y le dijo:

—Mire V.

John lo examinó atentamente durante algunos minutos.

—Es realmente la letra del general, ¿verdad? repuso el soldado.

—Sí.