—¿Consiente V. ahora en conducirme a donde se halle el Jaguar?
—Cuando V. quiera.
—Entonces al momento.
—Corriente, al momento.
Los dos hombres se levantaron a un tiempo, pusieron los frenos a sus caballos, montaron y abandonaron a galope el sitio que, durante algunas horas, les había ofrecido tan grata sombra.
[XXIX.]
EL TRATO.
Los dos aventureros caminaban alegremente al lado uno de otro, charlando acerca de la lluvia y el buen tiempo, dándose mutuamente malicias del desierto, es decir, de las cacerías y de las escaramuzas con los indios, y hablando de los sucesos políticos que, desde hacía algunos meses, habían adquirido cierta gravedad y una importancia peligrosa para el gobierno mejicano.