—No me entiende V., replicó el soldado con una impaciencia mal disimulada.
—Así lo creo, respondió el Jaguar.
—Solo le pido a V. que me escuche durante cinco minutos.
—Hable V.
—El punto en que el general cita al capitán Melendez es la laguna del Venado. Antes de llegar a ese sitio hay un desfiladero bastante angosto y muy fragoso.
—Le conozco, es el desfiladero del Palo Muerto.
—Bueno. Se emboscará V. en él, a la derecha y a la izquierda, entre los matorrales, y cuando pase el convoy, le atacará V. por todos los lados a la vez. Es imposible que se escape, si, como supongo, adopta V. bien sus disposiciones.
—Sí, el sitio es muy favorable para un golpe de mano; pero ¿quién me responde de que el convoy pasará por ese desfiladero y no por el del Río Seco?
—Yo.
—¿Cómo V.?