—¡Oh! exclamó el Jaguar con un ademán de amenaza mal entendido, no hará V. eso, Capitán.

—¿Por qué no he de hacerlo, si V. gusta? respondió fríamente el oficial. Sí que lo haré, se lo juro a V. por mi honor.

—¡Oh!

—Y entonces ¿qué sucederá? Que habrá V. asesinado cobardemente a cincuenta hombres sin más resultado que el de saciarse en la sangre de sus compatriotas.

—¡Rayo de Dios! ¡Eso es un delirio!

—No, no es más que la consecuencia lógica de la amenaza que V. me dirige: moriremos, pero como valientes, y habremos cumplido con nuestro deber hasta el fin, puesto que el dinero se salvará.

—Según eso, ¿serán inútiles todos mis esfuerzos para obtener una solución pacífica?

—Todavía hay un medio.

—¿Cuál es?

—Déjenos V. pasar, comprometiéndose bajo palabra de honor a no hostilizar nuestra retirada.