—No le amenazo a V., solo le advierto. Hoy ha cometido V. ya una falta grave; no vaya V. a cometer otra más grave esta noche obstinándose en no recibirme.
Esta respuesta sorprendió al capitán y le hizo reflexionar.
Al cabo de un instante dijo:
—Pero, si yo consiento en dejarle a V. entrar, ¿quién me garantiza que no me hará V. traición? La noche está oscura, y puede V. tener consigo una tropa numerosa sin que yo la vea.
—No tengo conmigo más que un solo compañero de quien respondo con mi cabeza.
—¡Ya! dijo el capitán cada vez más indeciso; y de V. ¿quién me responde?
—¡Yo!
—¿Quién es V. que habla nuestra lengua con tal perfección que se le podría tomar por un compatriota nuestro?
—Poca es la diferencia: soy canadiense y me llamo Tranquilo.
—¡Tranquilo! exclamó el capitán. ¿Es V. entonces ese celebre cazador de los bosques a quien apellidan el Cazador de tigres?