—En efecto, nuestras primeras relaciones fueron amistosas.
—Entonces, ¿por qué llegaron a ser hostiles?
—Ya se lo he dicho a V.: porque contra la fe jurada y la palabra dada se negaron a cederme el terreno.
—¿Cómo? ¡Ceder el terreno!
—Seguramente, puesto que me habían vendido el territorio que ocupaban.
—¡Oh! ¡Oh! Capitán, eso exige explicación.
—Es muy fácil darla; y para probar la buena fe con que obro en este asunto, voy a enseñar a V. el acta de venta.
El cazador y el Ciervo-Negro cambiaron una mirada de sorpresa.
—Pues ya no lo entiendo, dijo Tranquilo.
—Aguarde V. un instante, repuso el capitán, que voy a buscar ese documento y se le enseñaré.