Y salió de la habitación.

—¡Oh! Caballero, exclamó mistress Watt juntando las manos en ademan suplicante; trate V. de evitar una contienda.

—¡Ah! Señora, respondió el cazador con tristeza; según el aspecto que van tomando las cosas, lo juzgo muy difícil.

—Vean VV., dijo el capitán entrando en la sala, y les enseñó el documento.

A los dos hombres les bastó con dirigirle una mirada para conocer el engaño.

—Ese documento es falso, dijo Tranquilo.

—¡Falso! Es imposible, exclamó el capitán lleno de estupor. Entonces me han engañado de una manera odiosa.

—¡Es lo que por desgracia ha sucedido en el caso presente!

—¿Y qué hacemos? murmuró maquinalmente el capitán.

El Ciervo-Negro se levantó y dijo con majestuoso acento: