—¿Ha visto mi hermano el Ciervo-Negro a Cabeza Gris?

—Sí, respondió el jefe secamente.

—¿Qué piensa mi hermano? repuso Cara de Mono insistiendo.

El Ciervo-Negro le dirigió una mirada torva: y replicó:

—¿Qué importa en este momento el pensamiento del jefe, puesto que el consejo de los sachems ha resuelto la guerra?

—Las noches son largas, dijo entonces el Zorro-Azul; ¿se van a quedar mis hermanos aquí fumando?

Tranquilo tomó la palabra y dijo:

—Los Grandes Cuchillos están sobre aviso, en este momento velan; vuelvan mis hermanos a montar a caballo y retírense, que la hora no es propicia.

Los jefes hicieron un ademán de asentimiento.

—Iré de descubierta, dijo Cara de Mono.