Luego, poquito á poco, la plaza quedó vacía y las campanas sonaron las doce. Y, los que aún estaban allí, se distribuyeron por los mesones.
En casa de Jourdain la sala grande estaba llena de bote en bote, del mismo modo que el amplio patio estaba totalmente ocupado por vehículos de todas clases, que al cielo levantaban, cual si fuesen brazos, las varas, ó estaban con el hocico en tierra y el trasero al aire.
La inmensa chimenea, en la que ardía vivísima y alegre lumbre, iluminaba las espaldas de cuantos estaban comiendo sentados al lado derecho de la mesa. Tres asadores, cargados de pollos, pichones y piernas de carnero, daban vueltas sin cesar, y delicioso olor de carne asada se esparcía por el ambiente despertando las alegrías y llenando de agua las bocas.
Toda la aristocracia del arado comía allí, en casa del tío Jourdain, hostelero y chalán, un pícaro que tenía sus dineritos. Y todos hablaban de sus negocios, de sus compras y de sus ventas, y se hablaba también de las cosechas. El tiempo era bueno para el forraje, pero malo para el trigo.
De pronto el redoble de un tambor sonó en el patio, delante de la casa; todos se pusieron en pie, excepción hecha de algunos indiferentes, y corrieron á la puerta y á las ventanas con la boca llena y la servilleta en la mano.
Cuando el redoble hubo terminado, el pregonero público, con voz cascada y á contratiempo, hizo oir lo que sigue:
—Se hace saber... á los habitantes de Goderville y en general á todas las personas... presentes en el mercado, que esta mañana se ha perdido, en el camino de Beuzeville, entre las nueve y las diez... una cartera de cuero negro conteniendo quinientos francos y papeles de interés. Lo cual se ruega sea entregado incontinente... ó en la alcaldía ó en casa de Fortunato Houlbrègue, de Manneville. Se darán veinte francos de gratificación.
El hombre se marchó, y aun se oyó á lo lejos el sordo redoble del instrumento y la debilitada voz del pregonero.
La conversación, á partir de este momento, versó acerca de lo que se acababa de oir y se calcularon las probabilidades que el tío Houlbrègue podía tener para encontrar ó no encontrar su cartera.
Así acabaron la comida, y ya tomaban el café cuando el brigadier de gendarmes apareció en la puerta preguntando: