—El tío Hauchecorne, de Breauté, ¿está aquí?
Éste, sentado al otro extremo de la mesa, respondió:
—Aquí estoy.
Entonces el brigadier repuso:
—Pues le ruego que tenga la bondad de acompañarme hasta la Alcaldía. El señor alcalde desea hablarle.
El labrador, sorprendido é inquieto, se tomó de un trago la copita que tenía delante, y más encorbado aún que por la mañana, pues después de cada reposo los primeros pasos le eran penosísimos, se puso en marcha repitiendo:
—Aquí estoy, aquí estoy.
Y salió siguiendo al brigadier.
El alcalde le esperaba sentado en su butaca. Era el notario del lugar, hombre tripudo, grave y á quien gustaban las frases pomposas.
—Señor Hauchecorne—dijo—esta mañana, en el camino de Beuzeville, le han visto recoger la cartera perdida por Houlbrègue, de Manneville.