—Si tomásemos una copa...
—Me parece bien.
Y entran y se sientan.
—¡Eh! ¡Chicot! Dos copas de lo bueno, que Martín ha vuelto, Martín, el de mi mujer, ya sabes, Martín, el de Las dos hermanas...
Y el tabernero, ventrudo, sanguíneo, hinchado, lleno de grasa, se acerca con tres vasos en la mano, una botella en la otra, y muy tranquilamente pregunta:
—¿Eres tú Martín?
Y Martín contesta:
—Yo soy.
EL GUARDA
Después de comer se referían aventuras y accidentes de caza.