Y pasando delante de las mujeres empieza á bajar.

Pronto desaparecen tras una revuelta del camino, mientras los dos hombres se dirigen hacia el parador de Schwarenbach.

Andan lentamente, uno al lado del otro, y silenciosos. Ya no hay remedio: durante cuatro ó cinco meses estarán solos...

Gaspar Hari empieza á referir su vida en el otro invierno. Allí lo había pasado con Miguel Canol, ya demasiado viejo para arriesgarse á aquella larga soledad, pues un accidente puede ocurrir el día menos pensado. Y no se habían aburrido, ¡ca! no; todo consistía en tomar su partido desde el primer momento, y al fin se acaba por inventar distracciones, juegos y muchos pasatiempos.

Ulrico Kunsi le escucha con los ojos bajos, viendo con la imaginación á los que, siguiendo todos los repliegues de Jemmi, bajan hacia la población.

No tardan en distinguir el parador, apenas visible, y tan pequeño que semeja un puntito negro al pie de aquella gigantesca ola de nieve.

Cuando abren, Sam, el perrazo rizado, empieza á dar saltos en torno suyo.

—Vamos, hijo mío—dice Gaspar;—como nos hemos quedado sin mujeres, nosotros mismos tenemos que prepararnos la comida. Tú mondarás las patatas.

Y los dos, sentados en banquetas de madera, se ponen á preparar la sopa.

La mañana del día siguiente parece interminable á Ulrico. El viejo Hari fuma y luego escupe en el hogar, mientras el joven se asoma á la ventana para contemplar la resplandeciente montaña que se alza frente á la casa.