Efectivamente, al morir, la reputación del escritor celebre está amenazada por dos crisis distintas: ó el olvido inmediato y la más grande indiferencia, como le ocurrió à Octave Feuillet, ó la exagerada severidad de esa especie de tribunal que componen los contemporáneos. El último caso fué el de Víctor Hugo, que ante el Supremo Tribunal ganó gloriosamente el pleito.
Pero, con Guy de Maupassant no ocurrió nada parecido. En el momento que consideró más oportuno, supo conquistarse un lugar entre los primeros prosistas de su época, y cuando desapareció del mundo de los vivos, ese lugar continuó perteneciéndole. En él nadie se ha instalado después. Se le lee lo mismo que cuando vivía, y si se juzga por ese signo brutal que indica el éxito del cuentista, y que consiste en la venta de sus libros, tal vez se le lee más.
La obra entera de Guy de Maupassant ha resistido victoriosamente. Y el único efecto causado por la muerte del autor fué que la opinión clasificase su obra en varias categorías: cuentos, novelas cortas y novelas, y, al continuar saboreando el conjunto, parece preferir los cuentos y coloca las novelas cortas por encima de las novelas.
Sin embargo, no puede darse como cosa cierta que si Maupassant novelista hubiese vivido, no hubiera llegado á igualar al Maupassant cuentista. Sus novelas, notables todas, tienen en contra suya el efecto del número. Maupassant, que escribió cinco novelas, escribió veinticinco tomos de cuentos ó novelas cortas; y los cuentos propiamente dichos, los cuentos del género y dimensiones de los que forman este libro, llenan, de veinticinco tomos, veinte. Y cito números exactos porque constituyen los elementos positivos del debate. Es cierto que la fama del cuentista fecundo ejerce gran influencia sobre la fama del autor de Une Vie y Bel Ami. Y justo es anotar estos títulos para discutir en seguida con mayor facilidad el valor relativo de la obra del cuentista, y el de la obra del novelista.
La segunda razón que más poderosamente ha contribuido á hacer popular á Maupassant cuentista, estriba en que el cuento es una obra corta que se publica fácilmente y fácilmente se reproduce en los periódicos, y que el lector puede leer cómodamente varias veces. Es un producto literario que el público se procura, por poco dinero, que puede conocer por corto que sea el tiempo de que disponga, y que puede retener haciendo un insignificante esfuerzo de memoria.
Y finalmente, la última y la mejor razón del privilegiado favor de que gozan los cuentos de Maupassant, entre todo lo que produjo, consiste seguramente en que componen la parte más personal, más definitiva y más excelente de su obra.
En efecto, la muerte no permitió á Maupassant novelista que evolucionase por completo. Sus últimas novelas, Fort comme la mort y Notre cœur, difieren muchísimo de Une Vie ó de Bel Ami. Y tanto en Notre cœur como en Une Vie, lo que más llama la atención y hace que se admire, no es tanto la profundidad de la psicología y la importancia del problema tratado como el arte del cuentista, que especialmente se pone de manifiesto en las escenas aisladas.
En lo que á las novelas cortas se refiere, preciso es confesar que algunas de las mejores producciones del autor de Boule de Suif y Monsieur Parent, casi llegan á la perfección. Y en verdad que por su mérito no se diferencian mucho de sus cuentos: el procedimiento es el mismo y tal vez única y exclusivamente debido á sus dimensiones se las pone en diferente categoría.