Siendo á su manera muy personales, las novelas cortas de Maupassant tienen sin embargo cierto parecido, en lo que al genero se refiere, con obras análogas anteriores. Puedo citar Une Passion dans le désert, de Balzac; Un cœur simple, de Flaubert, y varias novelas cortas de Mérimé y de Zola. Por el contrario, á sus cuentos no se les descubren antepasados literarios. No se parecen—elijo sin comparar dos ejemplos de éxito—ni á los cuentos de Gustave Droz, que son fantasías de realidad pintoresca ó psicológica, desprovistos dé pretensiones, ni á los cuentos de Daudet, que en su mayor parte son pequeños poemas.
El cuento breve, real ó pintoresco como los de Maupassant, nació probablemente de las necesidades materiales y prácticas que se imponían para su publicación. Sus primeros cuentos, y la mayor parte de los que les siguieron, se publicaron en periódicos diarios. Sus dimensiones tenían que limitarse á doscientas ó trescientas líneas, y este reducido espacio no molestó más al pensamiento del escritor que lo que al poeta molestan las reglas de los poemas de forma fija. Por lo demás, Maupassant no aportó á sus cuentos procedimiento distinto al que en sus novelas cortas empleaba: se contentó con reducirlo, y halló que esa reducción le procuraba proporciones más afortunadas y efectos más sorprendentes.
Por poco que en ello se reflexione se verá que semejante reducción tenía forzosamente que producir el máximum de acción. Componía observando riguroso método: se sabe que no tomaba la pluma hasta que la composición preparatoria estaba terminada en su cerebro, y entonces se dictaba á sí mismo, por decirlo así, un texto casi definitivo. ¡Apenas se encuentran algunas tachaduras en los manuscritos de este escritor que tanto trabajaba el estilo! Y la excelencia de la composición aparece tan clara en el cuento, que la mirada y la memoria del lector la reflejan de pronto. Por otra parte, Maupassant empleaba un estilo preciso, sin nada que lo recargase, y deliberadamente breve. Raramente sus frases llenan más de tres líneas, y las que son más largas no son mejores. Y la experiencia demuestra que los escritores que componen frases largas, fracasan infaliblemente en el cuento por efecto de la desproporción que salta á la vista de todos, hasta de los menos perspicaces...
Y por otra parte todavía, y éste fué uno de los rasgos característicos de su talento, Maupassant descolló en la psicología de los seres pertenecientes á la clase media, de los seres adocenados, labradores, pequeños rentistas, empleados, pescadores de caña, cazadores, viejas burguesas y viejas de pueblo, criadas, mujeres de marinos... Y hasta cuando en los últimos días de su vida estudió el alma de los mundanos, no hizo ningún esfuerzo para presentar caracteres extraños, ni cultivó lo que Bourget llama complicaciones sentimentales. Porque si en la novela se necesita tiempo y espacio necesario para presentar personajes singulares y llevados á extraordinarias aventuras, no sucede lo mismo con el cuento. En el cuento, es preciso que los personajes, en cuerpo y alma, queden definidos con pocas palabras; y para descripciones semejantes, nada encaja mejor que los tipos de la clase media, porque todos ellos se encuentran en algún rincón de nuestra memoria y basta con animar la imagen. En eso estriba el triunfo de Maupassant; pero con todo, citaremos algunos principios de cuento tomados de este libro:
«Los pobres vivían penosamente con el corto sueldo del marido. Dos niños habían nacido del matrimonio, y la estrechez se había convertido en una de esas miserias veladas, humildes, vergonzosas, miseria de familia noble que á pesar de todo quiere conservar la altura que á su rango corresponde». (Á caballo).
«Chicot, el hostelero de Epreville, detuvo su tilburi
ante la alquería de la tía Magloire. Era un mocetón de cuarenta años, pelirrojo y gordo, que tenía fama de listo». (El barrilito).
«La señora Lefèvre era una mujer de campo, una viuda medio campesina, medio señora, que se adornaba con cintas y volantes y llevaba sombrero. Era una de esas personas que hablan enfáticamente, que cuando se encuentran en público se dan tono de grandeza y que bajo un aspecto cómico y abigarrado esconden un alma de bestia presuntuosa, de la misma manera que bajo guantes de seda cruda disimulan sus encarnadas manazas...». (Pierrot).
Para los paisajes, Maupassant emplea el mismo procedimiento que utiliza para pintar los caracteres. Muy pocas veces los escoge extraños, y siempre los más sencillos son los más admirables. No obliga á la imaginación, como hace Loti, á soñar decorados que nunca ha visto, sino que, evocando lo que hemos visto muchas veces, nos procura la sorpresa de presentárnolos mejor mostrándonos las cosas con tacto de artista delicioso que escoge y retiene los rasgos esenciales.