—¿Hacerle creer que consiento en ser su mujer? Eso es hoy lo que se exige de mí. Pues bien, si creéis que esa palabra puede salvar a mi hija, la pronunciaré. Orad, Catalina, para que mi valor sea más fuerte que mi desprecio, que mi indignación.
—Gracias, gracias; hice mal en dudar de vuestra fuerza de voluntad.
—¡Chito! No habléis más, oigo un ruido tras de las plantas—interrumpió Marta.
Se pusieron a escuchar en silencio; era el jardinero que pasaba por el sendero cargado con un haz de largas ramas que rozaban con el follaje. Pasó sin reparar, aparentemente al menos, en las dos mujeres. Dirigió, sin embargo, una mirada de soslayo a la señorita, y se encogió de hombros con una expresión medio irónica, medio compasiva, viéndola sentada en el banco con la cabeza gacha, como una verdadera loca.
—Escuchad, querida Marta—prosiguió Catalina—, preparaos para recibir la declaración de amor del intendente; en esa solemne entrevista no dejará de demostraros una exaltación de afecto. Si lo rechazáis con una frialdad visible, se convencerá de que le odiáis, y llevará a cabo su primera resolución.
—No, Catalina, me dominaré para hacerle creer que le escucho con toda gratitud.
—Eso no basta, porque él se imagina que lo amáis.
—¡Qué insolente!—interrumpió el aya—. ¡Amar a ese monstruo! Así que lo veo, mi corazón se oprime, y la indignación me embarga.
—Ya lo sé, tendréis que fingir lo contrario y si os obliga a semejante confesión decidle claramente que lo amáis. ¿Os espanta esta idea? ¿Tembláis como una caña? ¿Es tan grande la adversión que os inspira Mathys?...
—Un horror que no puedo expresaros, Catalina. Oídme y juzgad. La semana pasada castigó tan cruelmente a mi pobre Laura, que durante varios días le quedaron las marcas en el cuerpo, los rastros de su crueldad. ¡El miserable marcó sus uñas en las mejillas de mi hija! ¿Y puedo decirle que le amo? ¿Quién sería capaz de violentar así sus sentimientos? ¡Ah! por la felicidad de mi hija sería capaz de afrontar mil muertes crueles, pero me falta valor para esta abdicación de mi conciencia, para este suicidio moral.