Se abrió la puerta de la sala y apareció el intendente en el corredor; estaba colorado, y tenía los ojos rojos de cólera. La presencia de Mariana pareció molestarle, e hizo un gesto imperioso para alejarla; pero cambió de idea, le tomó a la cocinera las dos llaves que tenía en la mano y le dijo a Marta, dirigiéndose a la escalera:

—Seguidme, Marta.

La viuda obedeció. La condujo a su propio cuarto, la hizo sentar cerca de la mesa, y le dijo:

—Aquí tenéis vuestras llaves, Marta. El asunto está arreglado; pero no fué sin trabajo; he tenido que emplear los medios más enérgicos para vencerla; podéis quedaros en Orsdael y no tenéis nada que temer.

—¡Me ha perdonado!—exclamó el aya.

—Una mujer como la condesa no perdona jamás.

—Pero, con todo, ¿puedo quedarme?

—Eso no era lo difícil; la señora de Bruinsteen consintió en ello sin mayor resistencia; pero cuando le dije que ibais a ser mi mujer casi le dió de rabia un ataque de apoplejía... ¿Esto os sorprende, Marta? Se diría ¿verdad? que está celosa porque yo distingo a otra mujer. Nada de eso; me odia, pero tiene necesidad de mí, y me teme. Si yo quisiera podría hacerle mucho daño y hasta arruinarla por completo. Por eso querría tenerme bajo su dependencia; pero se acabó, estoy cansado de esta existencia.

—¿Qué terribles secretos hay entonces entre vos y la condesa?—dijo Marta con terror fingido—. Quizá la señora condesa ha cometido alguna falta y vos la sabéis...

—No me preguntéis nada de eso—replicó Mathys—. El día de nuestro casamiento lo sabréis todo. Antes no me arrancaréis una palabra. Vos misma reconoceréis que este silencio era una plausible prudencia. Hablemos ahora de asuntos serios. La escena que acaba de producirse entre la condesa y yo, no nos permite esperar largo tiempo. Debemos apurar cuanto se pueda nuestro casamiento. La maldad de la señora Bruinsteen hallará todavía medio de romperlo. Esta misma noche escribiréis las cartas para que os manden los papeles necesarios de Bruselas, y si tenéis tanta prisa como yo, nos casaremos dentro de seis semanas.