—Mathys, Mathys, ¿por qué queréis engañarme? ¿No me queréis entonces permitir que os salve?
—¡Ya no sé ni lo que digo!—murmuró el intendente—. Sí, sí, Marta; está en el cofre.
—El hierro es duro, Mathys; pero el acero es más duro aún. ¿Y si fracturaran ese cofre durante vuestra ausencia y os quitaran ese documento?
El intendente, asaltado por una inquietud secreta, se puso vivamente de pie, sacó una llave del bolsillo y abrió el cofre. Luego lo volvió a cerrar con la misma rapidez, y volvió junto a la viuda, con una sonrisa en los labios.
—Ahí está todavía, nadie lo ha sacado—exclamó respirando ruidosamente—. Pero la verdad es que parece que hubieran tratado de forzar el cofre—agregó examinando la cerradura—. Pero es absurdo que me asuste. ¿Cómo haría una mujer para forzar un mueble como éste?
—Hay cerrajeros en la aldea.
—Pero, ¿qué queréis decir? ¿Sería capaz la condesa de consumar un acto tan criminal?
—Juzgad por vos mismo, Mathys. Mientras estabais en viaje, la señora me hizo llamar. Me interrogó durante más de una hora para convencerse de que yo estaba dispuesta a asociarme a ella contra vos. Intentó volveros tan perverso y miserable ante mis ojos, que os hubiera tomado por un demonio si no os hubiera conocido. Me ha prometido una fortuna y una existencia feliz hasta el fin de mis días. Inspirada por mi gratitud hacia vos y por mi odio hacia ella, fingí entrar por entero en sus proyectos; y prometí ayudarla sinceramente, libertarla, como decía ella, de vuestra cruel tiranía, que está envenenando su vida desde hace más de quince años. Tened calma, os lo suplico, Mathys... De esa manera le arranqué el secreto de sus intenciones y obtuve de ella los medios de defenderos contra ella:
—Pero, ¿qué le pasa por la cabeza?—murmuró Mathys, aplastado por aquella revelación—. ¿Se ha vuelto loca entonces?
—No, sabe muy bien lo que quiere. Su objeto es aniquilar la prueba de su complicidad, y teneros sometido a sus pies, como un instrumento impotente; a fin de pretender que ella no ha sabido nunca nada, si el secreto de la substitución llega a descubrirse algún día.