—«Parto para salvarte. Dentro de algunas horas serás libre para siempre»... ¡Ah! ¡Ah! ¿No es más que esto? ¡Ya veremos! El cuarto de Elena está cerrado, ¿no es cierto, Mathys? ¿No comprendéis que es una nueva molestia que Federico quiere causarnos? Ha corrompido a Marta como a Rosalía, por medio de dinero y de promesas, para favorecer sus proyectos. Ahora lo comprendo todo. Ha huído para ir a advertir a Federico que Elena va a ser conducida a la casa de sanidad. Tiene esperanza de impedirlo. Vamos, Mathys, poseemos los medios infalibles para frustrar su esperanza.

—¿Medios infalibles?—repitió el intendente sumido más que nunca en sus temores.

—Ciertamente.

—¿Y si viniera con los representantes de la justicia?

—Los representantes de la justicia no tienen nada que hacer aquí, y, por otra parte, no encontrarían a Elena. No esperemos el coche que ha de venir de la ciudad. Haced enganchar el nuestro, y partiréis con la loca. Sea lo que fuere lo proyectado por Marta y Federico, su propósito fracasará, así que Elena esté a algunas leguas de aquí. No temo nada; todo lo que podría hacerse sería retrasar algunos días la partida de la loca. Pero una vez que ella esté en el camino, me sobrará tiempo para intentar un proceso contra Marta y su cómplice. No comprendo cómo podéis abatiros tanto por un hecho desagradable, es cierto, pero nada, nada grave para nosotros. Las cosas pasarán como cuando la visita del procurador del Rey. ¿Qué se puede intentar contra nosotros, sin ninguno de los testigos, sin una prueba? Recobrad vuestra calma, amigo mío; preparaos para el viaje, partid sin demora, haced volar los caballos hasta que Elena esté fuera del alcance de nuestros perseguidores.

Mathys se había puesto de pie y reflexionaba. Una especie de sonrisa iluminó su fisonomía, mientras decía con precipitación:

—¡Sí, sí, partamos en seguida!... Vamos lejos, muy lejos, muy lejos. Se me ocurre una idea. ¿Si partiera para París con Elena?

—¿Y por qué no para la casa de sanidad?

—No hay pocas casas de sanidad en Francia.

—No comprendo vuestra intención.